Es un término del que escuchamos hablar constantemente. Internet de las cosas, Internet of Things o IoT por sus siglas en inglés, es un concepto un poco abstracto pero que ha estado ganando bastante popularidad en los últimos meses. La idea que intenta representar queda bastante bien ilustrada por su nombre, cosas cotidianas que se conectan a Internet, pero en realidad se trata de mucho más que eso.
El Internet de las cosas potencia
objetos que antiguamente se conectaban mediante circuito cerrado, como
comunicadores, cámaras, sensores, y demás, y les permite comunicarse
globalmente mediante el uso de la red de redes.
Si tuviéramos que dar una definición del Internet de las cosas probablemente lo mejor sería decir que se trata de una red que interconecta objetos físicos valiéndose del Internet. Los mentados objetos se valen de sistemas embebidos, o lo que es lo mismo, hardware especializado que le permite no solo la conectividad a Internet, sino que además programa eventos específicos en función de las tareas que le sean dictadas remotamente.
¿CÓMO FUNCIONA EL INTERNET DE LAS COSAS?
Como ya hemos dicho, el truco en
todo esto está en los sistemas embebidos. Se trata de chips y circuitos que
comparados con, por ejemplo, un smartphone, podrían parecernos muy
rudimentarios, pero que cuentan con todas las herramientas necesarias para
cumplir labores especializadas muy específicas.
No hay un tipo específico de
objetos conectados a Internet de las cosas. En lugar de eso se les puede
clasificar como objetos que funcionan como sensores y objetos que realizan
acciones activas. Claro, los hay que cumplen ambas funciones de manera
simultánea.
En cualquier caso el principio es
el mismo y la clave es la operación remota. Cada uno de los objetos conectados a
Internet tiene una IP específica y mediante esa IP puede ser accedido
pare recibir instrucciones. Así mismo, puede contactar con un servidor externo
y enviar los datos que recoja.
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